viernes, 31 de mayo de 2013

Las partes y el todo, saludan.

Que tuvo ganas de lavarse la herida con sangre de entrañas ajenas y borrar la cicatriz lamiéndola en las mañanas, cual oscura rutina para dignificar el espíritu menguado;  y supo que ya no habría forma, ya lo sé. Se acomoda con holgura entre sus letras y esta soledad que se le encaramó durante el camino, desbaratando su equipaje, viniéndose encima  a apearse conmigo, en la espera de yo no sé qué movimiento febril que nos ponga en otra frecuencia; también, es otro cierto sin explicaciones. Que busco, sin mucha insistencia, la razón de mi huída y me place la conciencia de ver lo  voluntario del acto reflejo  de supervivencia, que no urge de lógica para haberse, hoy, perpetrado con éxito. De las ficciones que frecuento, pocos adeptos sumo por falta de agitación, pero hay más de uno que se esconde para leerla, que silencia el soncito y trata de descifrar, también puede  pensarse. Ya mi cuerpo va sin límites haciéndose a las escenas que lo propongan vivo y sus curvas están nutriéndose, aún en esta escasez de sexo y compañía; que estuvo aquí, y cada minuto, ya antes lo hemos sabido, no existe por sesenta segundos sino por el contacto con la brisa que recorre un rostro. En esta temporada de mí, conmigo, no hay demonio que le gane al pulso ni ángel que me soporte; no hay sino estancia sin vereda, lanzada a la certeza que a ningún corazón pertenezco, ni siquiera al mío. Que no tiene cabeza ni pies esto que les compartimos y sólo es otra misiva que le dejamos al infinito de mis cavilaciones. Que no pasa nada diferente a pernoctar, cagar y elucubrar;  ahora sin distracciones, ni salvavidas.

Le gustaría, sin pretensiones de reconocimiento, romper los códigos que la amarran a un cuerpo; desarmar esta pequeña composición viva y trasladarse, con la facilidad de eructar, a un espacio  que nos coincida.  Acariciar más que párpados, sacudiendo las entendederas sólo en sueños, para  no asustar con lo incorpóreo de la visita. Estoy rota y frecuento mis fracciones; me rondan.  Con esa decolorada novedad, ya más bien vieja, pretendo transgredir lo que se nos impuso como naturaleza inquebrantable; esa atadura mordida entre aire y carne;  entre piel, hueso y espíritu. Buscamos una ocasión más para comulgar con ustedes, como espera cualquier regreso al mar, pasear con Berto. Así, también, como se esperan tantas ocasiones para lucirse entero frente al espejo; decirse que no ha sido en vano lo que se ha digerido. Mi camino no tiene mucha iluminación, pero ahí se labra con lo que me guardó para cada uno de mis episodios fantásticos de dicotomía: oraciones, cicatrices bien maquilladas, amigos inanimados.

sábado, 25 de mayo de 2013

(Algunas consideraciones previas a cualquier regreso)



Los grises de un cielo que nunca estuvo mais alegre,ahora abrazan la incoherencia de mis elucubraciones,  sobre el fortín  de la ciudad vieja.
Es pagana la poesía que no rime
los secretos aguardados en cajones de la muralla
con nuestro natural encuentro;
 
y es infundado mi verso, si no te roba una sonrisa.
Hay necesariamente una relaci
ón causal que concatena nuestra natalidad con el destino,
Y en ella el presagio
  de salir,
pronto,
al abrazo de arribo;
ese deseo recurrente.

martes, 21 de mayo de 2013

Tarde, volvemos.


Tarde se me mete cuando todavía no alisto la cama y abraza mis cavilaciones; viene socarrona a bailarme sobre la mesa  y yo, nada más, tecleo. Doy un giro y la veo en lo invisible de la fe, no puedo ajustarla en mis piernas ni mimarle siquiera una hebra pero ya sabe que siempre la espero tarde, sólo así podemos. Poseída de su luz muda, voy tejiendo mis versitos y tecleo, nada más tecleo.  Luego me voy con ella a la cama, no le desvisto porque no la veo, pero ella sí se viene y me acaricia, tan abajo como arriba, tan en lo dulce como en lo enfermo; me sopla la cabeza y luego en las sábanas me revuelca. Seguro de no saber saciarla  me dejo dormir  y a la mañana no la encuentro,  pero sabemos, cuando volvemos, que  tecleamos, tecleo.

miércoles, 15 de mayo de 2013

VICTORIA, OMNI AETERNITATE


He de desterrar toda estela del olor que empaña nuestros recuerdos y transformar en vida lo que, de mí, se llevó con su muerte. Qué van casi trescientos sesenta y cinco días; todos, con lo jodido de sus noches; que serán  todos los años queriendo resolver un cúmulo infinito de porqués.

Así que la herida se abre y se cierra a su conveniencia, y en estos días de preludio a su aniversario,  no para de gorgotear. Un  carnaval de remembranzas que se bifurcan entre los matices de su nobleza indescriptible y la retahíla que concluye en el último olor.  Victoria, Victoria, Victoria, he de curar tu ausencia con mis ganas de vivir, he de borrar  escenas que no te tienen, de cuerpo, presente. 

He de congelar como alimento espiritual, la bondad inconmesurable de tus lecciones con tu ejemplo, aunque le parezca a este mundo que las hayas obviado; he de declarar que ahora, y por toda la eternidad, eres felíz; aunque nadie sepa qué tan cierto.

VICTORIA MARIA, colega, hermana y vecina...OMNI AETERNITATE.

domingo, 12 de mayo de 2013

El imperio nombrado


Hay una mujer que dignifica el imperio con su nombre; sus dones no son más grandes que su ternura y en la violencia de sus encantos reside el motivo de esta coronación. Aunque, una vez elegida, el contacto se anule, la urgencia de su aparición amerita que así se decida; a la salud del fuego. Será reina en tierra de nadie donde el espacio arde y los ojos menesterosos de puros incautos la miran, como ansiando la rudeza de su indiferencia en cada mirada que les enfoque; se agolpan siempre necios para verla, y afianza su adicción con la generosidad de sus movimientos al bailar y en la vida misma. Se empecina en desfilar las voluptuosidades de su boca y otras bondades que les fueron otorgadas, así como la fortuna de saberse voluble y decidida. Pronto volará tal como su corona se lo permite y al encuentro vendrá con quién tanto la estuvo queriendo, como epifanía misma en alborada. Pero esos ya serán otros tiempos, dice la profecía.



sábado, 11 de mayo de 2013

De La Boca, y otros cuentos chinos.


La milonguita de ayer nada más alcanzó para retozar la cama, como suelen ser los amores malvendidos de  conventillo. Transitan los porteños, también  los turistas; festejan mi bailoteo y no dejan más que monedas;  si eso contara como guita, ya tendría otros tacos. 
Hace tanto que el barco me dejó aquí pero intactos los episodios de saudades, enrareciéndome el corazón, como la boca el puchito. Es cierto; estos ritmos se parecen al movimiento, mucho más lento,  de los bailes en mi favela, los que insisten en proclamarlos propios, qué más da; allá arriba, cuesta abajo, tenía el mar sin muchos tropiezos y la milonga no me poseía.
Ahora tengo cuatro platos franceses, dos bombachas buenas y nada de alegría en ello. La piel verde de esperar verano en serio. ¿Posta que no te asoleas? ¡bocha que no vuelvo a mi tierra!. Aquí me mimetizo, quién  guste más que la raja en mi falda, podrá también hacerse acreedor a los mimos en mi acento  y desterrar el carmesí que, de tanto untármelo, difícil abandona la boca.
Que no está tatuada, ¡coño!, Ya te dijo la pelada que no. Sólo tengo exceso de café en mis labios… si conocieras  Fortaleza, entenderías. 
De las baratas en el puerto, digna exponente de un orgullo robado; mi cabellito que, de a poco crece, tararea  la música que se me ha arrebatado y, con la cual,  ya somos dos extraños. Camino por los bordes del rio;  a lo mejor alguna de ellas corra mi misma suerte y venga a hacerme compañía. Tendría con quien compartir las pantimedias, los platos, tener esta conversación a la hora de la merienda. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

La cordialidad se puede quebrar.



No es que se empecine, pero  frecuenta el eco devenir en mí, sin permiso, tampoco pretexto, para volver a tocarte; pero si insistes en “tú, bajando; yo, subiendo”, ¡qué desencuentro!

Con las  florcitas de interiores que ayer, no más, conocías, mantengo una conversación diaria  sobre tu cuerpo, como se evoca la poesía sencilla. 

 Yo me acuerdo de la primera vez que te ví, que no es bastante si luego, como aplacador, se vienen el resto de nuestros recuerdos. La misma calle de la estrella, antes de girar a casa; las gafas que siempre puteas; todas las mochilas que te cuelgas. Y algo de ti siempre me alcanza, como la melodía de cuerda que no tarareo,  sólo siento.

¡Escúchame! Soy el grito silenciado que te abraza mientras decae, una canción con  la que  pesco, todos los días, el rumor de un “nunca más”.

Me vengo en la cama como antes sobre el cuerpo, y vuelvo a soñar que se quiebra la cordialidad y, por fin, la vida nos vuelve isleños. En la escena, las chanclas y el “mochito” veraniego, para hacer  fiesta tras el resquebrajamiento. De suerte que mis sueños siempre se cumplen y ahí brinca mi Humberto, ya curada de salitre por esperar a mamá. 

jueves, 2 de mayo de 2013

Un Estado errático





Por arrobas, las gracias a la estancia de una sonrisa –la implacable- sobre esta piel que muda con los giros;

la llevo en el color lúcido de la mirada,
 allí donde habita de alevosa dulzura lo que, sin precisar cómo, bien  se atesora. 

Para comer de su conciencia hasta que desalojen las huellas, me aviento a fundar un Estado errático donde convivan el desarraigo de un ser vibrante y el fuego de mis vísceras, en actitud de entrega;

territorio que evoca -esa sonrisa- cada noche, 
cuando, de frio, tirita Romina.