miércoles, 5 de junio de 2013

Nuevo día, que nunca se espera.


De amante, lo empedernido y de feliz, las ganas. Su misión sobre la tierra, y entre los hombres que habitan el reino del fuego, es la de guardián del amor por ser el, él mismo. A gatas se le ve andar por entre los portales de otros espacios, como merodeando con ingenuidad los contenidos tras el umbral. No siempre gana, pero sabe perder.  La fragilidad en lo absurdo y el vuelo de los elegidos es ahora su noche en sol. Camina a casa casi dormido, luego de extensa conciencia. Estará despierto, nunca hubo vuelta atrás. Estuvo aquí como está quién se lo propone y luce las máscaras con nobleza en la fiesta de las ceremonias, por correrle en las venas la tibieza de quién ambiciona la vida- eso mismo profesa-. Hay quien no lo enfoca por creer que descifran, y aunque el sigilo a veces se le queda, vuelve a aparcarse, como buen estratega. La noche no es tan joven y siempre amerita que la remplace el día. Hoy es la conciencia viva de tanto querer, mientras la mismísima magia descansa en casa  –¡¡¡Dios te bendiiiga Fidel, donde quiera que tú vayas!!!, por recordar a los vecinos que tanto hemos ignorado-.  Y claro que existe –esa y todas las magias-  se esconde tras el contacto de quién sueña para vivir y despierta volando. Ya falta poco.
A cambio de un rostro en agua y con historia, dejé el amuleto en una monedera, la del soma y la canción. Son dos ojos aliados que aman a quién los posee, como la virgen amó un hijo; la historia del Dios que no existe y escribe para no vomitar. Como un adiós  aunque contigo me quede. Como un te quiero sin márgenes de error.

Y mientras tanto seguir andando; Sonreír, mientras quiera. El fuego sigue ardiendo, y con el guardián mantendrá la complicidad, aún fuera del reino.

viernes, 31 de mayo de 2013

Las partes y el todo, saludan.

Que tuvo ganas de lavarse la herida con sangre de entrañas ajenas y borrar la cicatriz lamiéndola en las mañanas, cual oscura rutina para dignificar el espíritu menguado;  y supo que ya no habría forma, ya lo sé. Se acomoda con holgura entre sus letras y esta soledad que se le encaramó durante el camino, desbaratando su equipaje, viniéndose encima  a apearse conmigo, en la espera de yo no sé qué movimiento febril que nos ponga en otra frecuencia; también, es otro cierto sin explicaciones. Que busco, sin mucha insistencia, la razón de mi huída y me place la conciencia de ver lo  voluntario del acto reflejo  de supervivencia, que no urge de lógica para haberse, hoy, perpetrado con éxito. De las ficciones que frecuento, pocos adeptos sumo por falta de agitación, pero hay más de uno que se esconde para leerla, que silencia el soncito y trata de descifrar, también puede  pensarse. Ya mi cuerpo va sin límites haciéndose a las escenas que lo propongan vivo y sus curvas están nutriéndose, aún en esta escasez de sexo y compañía; que estuvo aquí, y cada minuto, ya antes lo hemos sabido, no existe por sesenta segundos sino por el contacto con la brisa que recorre un rostro. En esta temporada de mí, conmigo, no hay demonio que le gane al pulso ni ángel que me soporte; no hay sino estancia sin vereda, lanzada a la certeza que a ningún corazón pertenezco, ni siquiera al mío. Que no tiene cabeza ni pies esto que les compartimos y sólo es otra misiva que le dejamos al infinito de mis cavilaciones. Que no pasa nada diferente a pernoctar, cagar y elucubrar;  ahora sin distracciones, ni salvavidas.

Le gustaría, sin pretensiones de reconocimiento, romper los códigos que la amarran a un cuerpo; desarmar esta pequeña composición viva y trasladarse, con la facilidad de eructar, a un espacio  que nos coincida.  Acariciar más que párpados, sacudiendo las entendederas sólo en sueños, para  no asustar con lo incorpóreo de la visita. Estoy rota y frecuento mis fracciones; me rondan.  Con esa decolorada novedad, ya más bien vieja, pretendo transgredir lo que se nos impuso como naturaleza inquebrantable; esa atadura mordida entre aire y carne;  entre piel, hueso y espíritu. Buscamos una ocasión más para comulgar con ustedes, como espera cualquier regreso al mar, pasear con Berto. Así, también, como se esperan tantas ocasiones para lucirse entero frente al espejo; decirse que no ha sido en vano lo que se ha digerido. Mi camino no tiene mucha iluminación, pero ahí se labra con lo que me guardó para cada uno de mis episodios fantásticos de dicotomía: oraciones, cicatrices bien maquilladas, amigos inanimados.

sábado, 25 de mayo de 2013

(Algunas consideraciones previas a cualquier regreso)



Los grises de un cielo que nunca estuvo mais alegre,ahora abrazan la incoherencia de mis elucubraciones,  sobre el fortín  de la ciudad vieja.
Es pagana la poesía que no rime
los secretos aguardados en cajones de la muralla
con nuestro natural encuentro;
 
y es infundado mi verso, si no te roba una sonrisa.
Hay necesariamente una relaci
ón causal que concatena nuestra natalidad con el destino,
Y en ella el presagio
  de salir,
pronto,
al abrazo de arribo;
ese deseo recurrente.

martes, 21 de mayo de 2013

Tarde, volvemos.


Tarde se me mete cuando todavía no alisto la cama y abraza mis cavilaciones; viene socarrona a bailarme sobre la mesa  y yo, nada más, tecleo. Doy un giro y la veo en lo invisible de la fe, no puedo ajustarla en mis piernas ni mimarle siquiera una hebra pero ya sabe que siempre la espero tarde, sólo así podemos. Poseída de su luz muda, voy tejiendo mis versitos y tecleo, nada más tecleo.  Luego me voy con ella a la cama, no le desvisto porque no la veo, pero ella sí se viene y me acaricia, tan abajo como arriba, tan en lo dulce como en lo enfermo; me sopla la cabeza y luego en las sábanas me revuelca. Seguro de no saber saciarla  me dejo dormir  y a la mañana no la encuentro,  pero sabemos, cuando volvemos, que  tecleamos, tecleo.

miércoles, 15 de mayo de 2013

VICTORIA, OMNI AETERNITATE


He de desterrar toda estela del olor que empaña nuestros recuerdos y transformar en vida lo que, de mí, se llevó con su muerte. Qué van casi trescientos sesenta y cinco días; todos, con lo jodido de sus noches; que serán  todos los años queriendo resolver un cúmulo infinito de porqués.

Así que la herida se abre y se cierra a su conveniencia, y en estos días de preludio a su aniversario,  no para de gorgotear. Un  carnaval de remembranzas que se bifurcan entre los matices de su nobleza indescriptible y la retahíla que concluye en el último olor.  Victoria, Victoria, Victoria, he de curar tu ausencia con mis ganas de vivir, he de borrar  escenas que no te tienen, de cuerpo, presente. 

He de congelar como alimento espiritual, la bondad inconmesurable de tus lecciones con tu ejemplo, aunque le parezca a este mundo que las hayas obviado; he de declarar que ahora, y por toda la eternidad, eres felíz; aunque nadie sepa qué tan cierto.

VICTORIA MARIA, colega, hermana y vecina...OMNI AETERNITATE.

domingo, 12 de mayo de 2013

El imperio nombrado


Hay una mujer que dignifica el imperio con su nombre; sus dones no son más grandes que su ternura y en la violencia de sus encantos reside el motivo de esta coronación. Aunque, una vez elegida, el contacto se anule, la urgencia de su aparición amerita que así se decida; a la salud del fuego. Será reina en tierra de nadie donde el espacio arde y los ojos menesterosos de puros incautos la miran, como ansiando la rudeza de su indiferencia en cada mirada que les enfoque; se agolpan siempre necios para verla, y afianza su adicción con la generosidad de sus movimientos al bailar y en la vida misma. Se empecina en desfilar las voluptuosidades de su boca y otras bondades que les fueron otorgadas, así como la fortuna de saberse voluble y decidida. Pronto volará tal como su corona se lo permite y al encuentro vendrá con quién tanto la estuvo queriendo, como epifanía misma en alborada. Pero esos ya serán otros tiempos, dice la profecía.



sábado, 11 de mayo de 2013

De La Boca, y otros cuentos chinos.


La milonguita de ayer nada más alcanzó para retozar la cama, como suelen ser los amores malvendidos de  conventillo. Transitan los porteños, también  los turistas; festejan mi bailoteo y no dejan más que monedas;  si eso contara como guita, ya tendría otros tacos. 
Hace tanto que el barco me dejó aquí pero intactos los episodios de saudades, enrareciéndome el corazón, como la boca el puchito. Es cierto; estos ritmos se parecen al movimiento, mucho más lento,  de los bailes en mi favela, los que insisten en proclamarlos propios, qué más da; allá arriba, cuesta abajo, tenía el mar sin muchos tropiezos y la milonga no me poseía.
Ahora tengo cuatro platos franceses, dos bombachas buenas y nada de alegría en ello. La piel verde de esperar verano en serio. ¿Posta que no te asoleas? ¡bocha que no vuelvo a mi tierra!. Aquí me mimetizo, quién  guste más que la raja en mi falda, podrá también hacerse acreedor a los mimos en mi acento  y desterrar el carmesí que, de tanto untármelo, difícil abandona la boca.
Que no está tatuada, ¡coño!, Ya te dijo la pelada que no. Sólo tengo exceso de café en mis labios… si conocieras  Fortaleza, entenderías. 
De las baratas en el puerto, digna exponente de un orgullo robado; mi cabellito que, de a poco crece, tararea  la música que se me ha arrebatado y, con la cual,  ya somos dos extraños. Camino por los bordes del rio;  a lo mejor alguna de ellas corra mi misma suerte y venga a hacerme compañía. Tendría con quien compartir las pantimedias, los platos, tener esta conversación a la hora de la merienda. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

La cordialidad se puede quebrar.



No es que se empecine, pero  frecuenta el eco devenir en mí, sin permiso, tampoco pretexto, para volver a tocarte; pero si insistes en “tú, bajando; yo, subiendo”, ¡qué desencuentro!

Con las  florcitas de interiores que ayer, no más, conocías, mantengo una conversación diaria  sobre tu cuerpo, como se evoca la poesía sencilla. 

 Yo me acuerdo de la primera vez que te ví, que no es bastante si luego, como aplacador, se vienen el resto de nuestros recuerdos. La misma calle de la estrella, antes de girar a casa; las gafas que siempre puteas; todas las mochilas que te cuelgas. Y algo de ti siempre me alcanza, como la melodía de cuerda que no tarareo,  sólo siento.

¡Escúchame! Soy el grito silenciado que te abraza mientras decae, una canción con  la que  pesco, todos los días, el rumor de un “nunca más”.

Me vengo en la cama como antes sobre el cuerpo, y vuelvo a soñar que se quiebra la cordialidad y, por fin, la vida nos vuelve isleños. En la escena, las chanclas y el “mochito” veraniego, para hacer  fiesta tras el resquebrajamiento. De suerte que mis sueños siempre se cumplen y ahí brinca mi Humberto, ya curada de salitre por esperar a mamá. 

jueves, 2 de mayo de 2013

Un Estado errático





Por arrobas, las gracias a la estancia de una sonrisa –la implacable- sobre esta piel que muda con los giros;

la llevo en el color lúcido de la mirada,
 allí donde habita de alevosa dulzura lo que, sin precisar cómo, bien  se atesora. 

Para comer de su conciencia hasta que desalojen las huellas, me aviento a fundar un Estado errático donde convivan el desarraigo de un ser vibrante y el fuego de mis vísceras, en actitud de entrega;

territorio que evoca -esa sonrisa- cada noche, 
cuando, de frio, tirita Romina.




domingo, 28 de abril de 2013

Esmeralda 339


Este otoño con bestiarios tras el velo de la puerta y las distancias propuestas trae una canción para días sin nombre; versiones reiteradas de añoranzas sobre la órbita de la dimensión que se conoce cruzando esta frontera. Cantando propongo las suficientes historias  que corroboran un padre más grande desde que hubo conciencia de su amor sobre la tierra y un cordón umbilical aturdido de lo sensible que lo hizo posible. Sobre mí, y sin oraciones, se derramaron las comisuras de ciertos verbos y esta facilidad enferma de saberme afortunada, asquerosamente armónica  encontrando  en la tarde mi recital veraniego.
Desde entonces divago, cavilo.
Y cuando descanso sobre el retrete resolviendo los problemas para amenizar el mundo canso de retratar en mi cabeza las veces que lo frecuento, para saber también cuantas son las  que me voy luego que tiro la cadena y pierdo otra piel; pensar en las municiones que se me escapan, la visita al mercado central que ya no da tregua. No hay mucho qué hacer ni certeza si preferir entre la pollera y las calzas, que cual mochila llevar para que entre el abrigo por si otro giro otorga el amarillo quemado que pronto se apaga, algún día, con las seis. Todavía me gusta recordar cómo dio vuelta la daga sobre mi espalda la trampa en lo infinito de una adolescencia apeada, una tristeza compartida. Los tonos menores y mayores del mismo cielo aún con el estruendo de la calle pusieron en evidencia el otoño de Vivaldi  -¡y viva mi primavera con don carlos  aventándose  los ocho pisos para que, con dolor, ahora sonría!-. Mentira, aquí los pobres trabajan y los que pueden salen a buscar en el chino el pan para mañana. Claro de luna que suena y los tipos en la calle no dejan de reventarme los guevos con su ruido sabatino arreglando la esmeralda 339; el valor agregado de trabajar un día para descanso. En los suburbios difícil la computadora descansa, difícil  el corazón conecta.
Ayer tuve la sensación de haberme visto en La Poesía sobre Chile  retomando la escena; un lugar estrecho y en todo las canas de lo aburrido, lejos de ser la esquina de siempre sobre la calle de la vieja editorial y por ende anulada la tentación de torcer el camino tras el piano.  Te ví segura de saber lo que hacías mientras leías, esta vez sin puntos. Lo que muerde, y todavía insiste, es saber si sería tu primer destino desde que te fuiste de mí, si luego con el brindis serías vida sin este cuerpo.
Por lo pronto sigo en campaña por una carne prolija; otra bonita manera de ponerme en venta. Ya las profecías pierden color, la realidad sonríe bajo otra forma. 

miércoles, 24 de abril de 2013

GENERALIDADES DE ARRIBO



No vine a engullir nada diferente a la suma de huesos jugosos que represento ni  hay campanas sonando en la cabeza;  tampoco aviso promisorio de punto final por derecha a  esta cuota de saudade ni temporada de correr, si apenas voy llegando. 
Ahora me ocupa deshacerme de tantas palabras; ese vicio de uniforme por perfeccionar la técnica.  Asaltada en la facilidad de embelesarme termino envuelta pero no aparcada, ni decidida. Nadie me quita la cuchara para probarlos, ni tengo que elegir ahora. 
No tengo visa para todos los antojos, marginada  me las arreglo como puedo. Ni vine a ti ni el camino nos unió; solo es  como siempre que  algunos puntos coinciden y todo se mueve: en algo de eso cada corazón, al menos una vez,  con otro se junta.

domingo, 21 de abril de 2013

ORACIÓN


Se, conmigo, el verbo mismo. La conciencia entera de un a tu lado sin frontera; destino y punto de partida cuando todos los giros se hayan cumplido. Conjuguémonos durante camino y estancia; sin sujetos, sin futuro perfecto. Presente en movimiento que no pierda ni tu acento ni mi color como sustantivo; oración que se eleve luego de hacerlo para dormir y luego también, si ha de ser, toda música cual silencio. Y entre las proporciones de tu espalda y mis curvaturas que fácil adelgazan se escriba la corpórea proeza de quien pacta un contigo en distancia, transgrediendo humilde todo concepto. Selo. 
Conjugada la oración, nace el ritmo. Y se instala la danza cotidiana a dos cuerpos. Diametrales. Fractales. Libres? No existe; siendo.