domingo, 12 de mayo de 2013

El imperio nombrado


Hay una mujer que dignifica el imperio con su nombre; sus dones no son más grandes que su ternura y en la violencia de sus encantos reside el motivo de esta coronación. Aunque, una vez elegida, el contacto se anule, la urgencia de su aparición amerita que así se decida; a la salud del fuego. Será reina en tierra de nadie donde el espacio arde y los ojos menesterosos de puros incautos la miran, como ansiando la rudeza de su indiferencia en cada mirada que les enfoque; se agolpan siempre necios para verla, y afianza su adicción con la generosidad de sus movimientos al bailar y en la vida misma. Se empecina en desfilar las voluptuosidades de su boca y otras bondades que les fueron otorgadas, así como la fortuna de saberse voluble y decidida. Pronto volará tal como su corona se lo permite y al encuentro vendrá con quién tanto la estuvo queriendo, como epifanía misma en alborada. Pero esos ya serán otros tiempos, dice la profecía.



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