miércoles, 15 de mayo de 2013

VICTORIA, OMNI AETERNITATE


He de desterrar toda estela del olor que empaña nuestros recuerdos y transformar en vida lo que, de mí, se llevó con su muerte. Qué van casi trescientos sesenta y cinco días; todos, con lo jodido de sus noches; que serán  todos los años queriendo resolver un cúmulo infinito de porqués.

Así que la herida se abre y se cierra a su conveniencia, y en estos días de preludio a su aniversario,  no para de gorgotear. Un  carnaval de remembranzas que se bifurcan entre los matices de su nobleza indescriptible y la retahíla que concluye en el último olor.  Victoria, Victoria, Victoria, he de curar tu ausencia con mis ganas de vivir, he de borrar  escenas que no te tienen, de cuerpo, presente. 

He de congelar como alimento espiritual, la bondad inconmesurable de tus lecciones con tu ejemplo, aunque le parezca a este mundo que las hayas obviado; he de declarar que ahora, y por toda la eternidad, eres felíz; aunque nadie sepa qué tan cierto.

VICTORIA MARIA, colega, hermana y vecina...OMNI AETERNITATE.

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