martes, 21 de mayo de 2013

Tarde, volvemos.


Tarde se me mete cuando todavía no alisto la cama y abraza mis cavilaciones; viene socarrona a bailarme sobre la mesa  y yo, nada más, tecleo. Doy un giro y la veo en lo invisible de la fe, no puedo ajustarla en mis piernas ni mimarle siquiera una hebra pero ya sabe que siempre la espero tarde, sólo así podemos. Poseída de su luz muda, voy tejiendo mis versitos y tecleo, nada más tecleo.  Luego me voy con ella a la cama, no le desvisto porque no la veo, pero ella sí se viene y me acaricia, tan abajo como arriba, tan en lo dulce como en lo enfermo; me sopla la cabeza y luego en las sábanas me revuelca. Seguro de no saber saciarla  me dejo dormir  y a la mañana no la encuentro,  pero sabemos, cuando volvemos, que  tecleamos, tecleo.

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