Tarde se me mete cuando todavía
no alisto la cama y abraza mis cavilaciones; viene socarrona a bailarme sobre
la mesa y yo, nada más, tecleo. Doy un
giro y la veo en lo invisible de la fe, no puedo ajustarla en mis piernas ni
mimarle siquiera una hebra pero ya sabe que siempre la espero tarde, sólo así
podemos. Poseída de su luz muda, voy tejiendo mis versitos y tecleo, nada más
tecleo. Luego me voy con ella a la cama,
no le desvisto porque no la veo, pero ella sí se viene y me acaricia, tan abajo
como arriba, tan en lo dulce como en lo enfermo; me sopla la cabeza y luego en
las sábanas me revuelca. Seguro de no saber saciarla me dejo dormir y a la mañana no la encuentro, pero sabemos, cuando volvemos, que tecleamos, tecleo.
Tecleo.
ResponderEliminarTecleamos, tecleo.
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